Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino

palestina«Hoy 136 países reconocen el Estado de Palestina y su bandera ondea en las Naciones Unidas junto a la de los Estados Miembros. No obstante, los niños de Gaza o los habitantes de Naplusa, Hebrón y Jerusalén Oriental no perciben estos avances […] reafirmemos nuestro compromiso con la consecución de la paz justa que merecen los pueblos de Israel y Palestina..» Mensaje del Secretario General en el Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino. 29 de noviembre de 2015

En torno al 29 de noviembre de cada año, las Naciones Unidas conmemoran el Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino, según lo acordado por la Asamblea General en sus resoluciones resolución 32/40 B , de 2 de diciembre de 1977, y 34/65 D, de 12 de diciembre de 1979, y en otras resoluciones en relación con la cuestión de Palestina. La fecha elegida del 29 de noviembre se debe a su importancia para el pueblo palestino. Ese día, en 1947, la ONU aprobó la resolución 181 (II) , (conocida como la resolución de la partición), en la cual se estipulaba la creación de un “Estado judío” y un “Estado árabe” en Palestina, con Jerusalén como “corpus separatum” sometido a un régimen internacional especial. De los dos Estados previstos en dicha resolución, hasta el momento sólo se ha creado uno: Israel.

Cada año, este Día Internacional de Solidaridad ofrece la oportunidad de recordar que la cuestión de Palestina aún no se ha resuelto y que los palestinos aún no han realizado sus derechos inalienables: el derecho a la libre determinación sin injerencia externa, el derecho a la independencia y la soberanía nacionales y el derecho a regresar a sus hogares, de donde fueron desplazados, y a que se les restituyan sus bienes.

Actualmente, la población palestina es de aproximadamente 7,6 millones de personas que viven en varios países. Algunos viven en Israel y otros en los territorios ocupados por Israel desde 1967, incluida Jerusalén, parte de los cuales se hallan bajo administración palestina. Los demás viven en estados árabes vecinos en campamentos de refugiados.

banderaLa UNRWA (Agencia de Naciones Unidas para los refugiados de Palestina en Oriente Próximo) desde 1950 ofrece asistencia, protección y defensa a más de 5 millones de refugiados de Palestina, que representan a la tercera parte de los refugiados del mundo y que actualmente viven en campamentos de refugiados en Jordania, Líbano, Siria y el territorio Palestino ocupado (la franja de Gaza y Cisjordania), en espera de una solución pacífica y duradera a su difícil situación.

A pesar de muchos intentos de paz donde han intervenido algunos países, los conflictos parecen no tener fin y la paz entre Israel y Palestina no encuentra el camino claro hacia un futuro de cooperación y convivencia pacífica.

La situación que se vive en Gaza es fundamentalmente de destrucción, sufriendo las consecuencias del conflicto armado. Según UNICEF, las labores de reconstrucción apenas han comenzado. Y probablemente pase mucho tiempo más antes de que los afectados puedan volver a la vida normal. 

En 2012, la ONU reconoce implícitamente a Mahmud Abbas como presidente del «Estado de Palestina». Los parlamentos de varios países europeos: Malta, Chipre, Suecia, Reino Unido, Irlanda, España y Francia han solicitado a sus gobiernos que reconozcan oficialmente a Palestina como Estado. En mayo de de 2015, el Vaticano reconoció al Estado de Palestina y expresó su apoyo a la política de los dos Estados, Israel y Palestina, conviviendo en paz y seguridad.

La Organización Mundial del Movimiento Scout (OMMS-WOSM) está trabajando actualmente por el cambio de estatus de la Organización Scout Palestina que es miembro de Pleno Derecho pero sin Derecho a voto debido a su estatus político.

ASDE en julio de 2014, lanzó su posicionamiento frente al conflicto Israel-Palestina haciendo un llamamiento a la comunidad internacional para exigir el fin de la violencia tanto del gobierno de Israel como de Hamás, el levantamiento del embargo hacia la población de la Franja de Gaza y el trabajo por la paz y defensa de los derechos humanos en la región. Manifestamos así durante el conflicto sufrido en julio de 2014, el deseo de un acuerdo de paz, justo y duradero que diese seguridad a la población, tanto israelíes como palestinos, condenando cualquier acto de violencia, repudiando el sufrimiento de cientos de miles de personas, exigiendo el fin de los combates y sumándose a la Declaración de las Organizaciones Políticas y Sociales a favor de la paz en Palestina y contra la masacre del pueblo palestino.

La Paz en Palestina es inevitable. La pregunta es ¿cómo podemos hacer que suceda hoy? Darrell Issa

Podemos señalar el hito histórico del 30 de septiembre de 2015, en el que la bandera palestina se izó en la sede y las oficinas de las Naciones Unidas. La ONU decidió que las banderas de Estados observadores no miembros, incluyendo el Estado de Palestina, se izaran en la Sede y las oficinas de las Naciones Unidas tras las banderas de los Estados Miembros de la Organización.

Ya se han celebrado actividades con motivo del Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino, el lunes 23 de noviembre en la Sede de la ONU en Nueva York . También se conmemora el Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino en las oficinas de las Naciones Unidas en Ginebra y Viena. El Comité para el ejercicio de los derechos inalienables del pueblo palestino celebra cada año una sesión extraordinaria en la Sede de las Naciones Unidas en Nueva York observando este Día Internacional de Solidaridad. También se da lectura a un mensaje del Presidente del Comité Ejecutivo de la Organización de Liberación de Palestina y Presidente de la Autoridad Palestina. Se invita a asistir a las organizaciones no gubernamentales, y un portavoz de la comunidad internacional de organizaciones no gubernamentales acreditadas ante el Comité hace una declaración.

¿Qué podemos hacer?:

  • Emitir mensajes especiales de solidaridad con el pueblo palestino,
  • Organizar reuniones, debates y video-fórums sobre el tema
  • Informarnos en profundidad
  • Difundir publicaciones y todo tipo de material informativo
  • Dar visibilidad a la cuestión en redes sociales y nuestros perfiles

Para saber más:

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1 comentario
  1. Cesar A. SALOMON
    Cesar A. SALOMON Dice:

    El Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino
    29 de noviembre
    Por: Dr. César A. Salomón
    En la Sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, el Comité para el ejercicio de los derechos inalienables del pueblo palestino, celebra el 29 de noviembre de cada año una reunión solemne de observancia del Día de Solidaridad. Entre los oradores figuran el Secretario General, el Presidente de la Asamblea General, el Presidente del Consejo de Seguridad y representantes de los órganos pertinentes de las Naciones Unidas y de organizaciones intergubernamentales. En la reunión se lee un mensaje del Presidente del Comité Ejecutivo de la Organización de Liberación de Palestina y Presidente de la Autoridad Palestina. Asimismo se invita a asistir a las organizaciones no gubernamentales, y un portavoz de la comunidad internacional de organizaciones no gubernamentales acreditadas para participar en el Comité hace uso de la palabra en la reunión.
    En 1977, la Asamblea General pidió que se observara anualmente el 29 de noviembre como Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino (resolución 32/40 B). Ese día, en 1947, en que la Asamblea había aprobado la resolución sobre la partición de Palestina (resolución 181 (II)).
    El 1° de diciembre de 2005, en su resolución 60/37, la Asamblea General pidió al Comité para el ejercicio de los derechos inalienables del pueblo palestino y a la División de los Derechos de los Palestinos que, como parte de la celebración, el 29 de noviembre, del Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino, siguieran organizando una exposición anual sobre los derechos de los palestinos en cooperación con la Misión Permanente de Observación de Palestina ante las Naciones Unidas. Asimismo, la Asamblea alentó a los Estados Miembros a que siguieran dando el mayor apoyo y la mayor publicidad a la celebración del Día de Solidaridad.
    Hoy recordamos que este 29 de Noviembre, se cumplen 67 años desde que la Asamblea General aprobó la histórica resolución 181, en la que instó a crear un Estado judío y un Estado árabe. El Estado de Israel, fundado un año después, en 1948, celebra ahora 67 años de existencia. Es vergonzoso que todavía no podamos celebrar la existencia de un Estado palestino.
    La comunidad internacional no debe escatimar esfuerzos por ayudar tanto a israelíes como a palestinos a alcanzar una solución que conduzca al objetivo de la coexistencia de dos Estados, Israel y Palestina, uno junto al otro en condiciones de paz y seguridad. Las Naciones Unidas siguen teniendo actualmente la responsabilidad de resolver la cuestión de Palestina en todos sus aspectos y de conformidad con el derecho internacional. Asegurémonos de que ésta no se convierta en una responsabilidad permanente.
    Hay siete millones de Palestinos: un millón y un cuarto viven en Cisjordania, un millón vive en Gaza, un millón y medio viven en los territorios ocupados en 1948, y el resto vive a lo largo y ancho de la Tierra.
    En Cisjordania y Gaza viven bajo la ocupación militar sionista; en los territorios del 48 viven como ciudadanos de segunda clase; en los países árabes, la mayoría viven en campamentos de refugiados… ¡Pero no siempre se vivió así!
    Hubo un tiempo en el que los Palestinos tuvieron casas, jardines, granjas y fábricas que habían sido antes de sus padres, y antes de los suyos, y antes de los suyos, y antes….
    Nuestra tierra se extendía desde el río Jordán hasta el Mediterráneo y se llamaba Palestina; entre nosotros vivía un pequeño número de judíos y todos vivíamos en paz e igualdad…
    A consecuencia de lo que sucedió en Europa, el movimiento sionista comenzó a ganar apoyos y empezó a pedir un Estado. Dijeron: “El Estado judío debe estar en Palestina”, “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”.
    De la noche a la mañana, se nos privó de la condición humana. Nuestro país, que se encontraba bajo la ocupación británica, se convirtió repentinamente en un inmueble deshabitado y los británicos se otorgaron a sí mismos el derecho a disponer de él.
    Miles de judíos ocupantes vinieron a nuestras costas y expulsaron por la fuerza a nuestro pueblo indefenso a los estados vecinos.
    En el año 1948 nuestras casas, nuestros jardines, nuestras granjas y nuestras fábricas se convirtieron en suyas. Lo llamaron Israel.
    Durante más de 20 años nos amontonamos en campamentos de refugiados, esperando que el mundo, que había ayudado a los judíos, nos ayudara a nosotros. En lugar de ayuda recibimos despotismo.
    En el año 1967, el ejército sionista invadió Cisjordania y Gaza, los últimos dos trozos de Palestina. Les impusieron una dictadura militar.
    Durante 35 años intentamos por todos los medios convencer al mundo para que reconociera nuestra humanidad y nos concediera los derechos de los que disfrutan los humanos. La respuesta fue el bombardeo de nuestros campamentos, la muerte de nuestras mujeres y niños, el asesinato de nuestros dirigentes, la extracción de nuestros árboles, la destrucción de nuestras casas.
    Cuando intentamos defendernos, nos calificaron de “terroristas y criminales”…
    Levantaron la veda a la caza de nuestro pueblo. Nos mataron en nuestras tiendas, nos torturaron en sus cárceles, nos tendieron trampas en nuestro exilio.
    Durante 35 años buscamos la justicia. Recibimos agresiones.
    Exigimos a los gobiernos del mundo nuestros derechos nacionales. Nos dieron un pedazo de papel en el que ponía: “resoluciones legales internacionales”. Utilizamos la argumentación, la lógica y las armas para que los gobiernos de Occidente se dieran cuenta de que apoyar al Estado sionista significaba dictar la pena de muerte de nuestro pueblo. Recibieron más apoyo.
    Nuestros dirigentes dijeron al mundo que el pueblo palestino quería obtener sus derechos por medios pacíficos, pero que utilizaríamos otros si no había otro camino.
    Las acciones israelíes –como las matanzas extrajudiciales, el uso de armamento pesado contra los civiles, la demolición de casas, la expansión continua de los asentamientos y la construcción de un muro que divide profundamente el territorio palestino- han provocado el aumento de la miseria y los sentimientos de desesperanza entre los palestinos, han socavado los esfuerzos para limitar la violencia y han fomentado el odio y la cólera hacia Israel.
    La violencia en los últimos años ha cobrado miles de vidas. La mayoría de éstas han sido de palestinos, pero también ha habido víctimas israelíes. Muchos de los muertos han sido niños. Sin embargo, no hay solución militar posible para el conflicto palestino-israelí. La única solución descansa en un proceso político: uno que resulte en un arreglo comprensivo, justo y duradero, basado en dos Estados, Israel y Palestina, viviendo lado a lado en paz y con fronteras seguras y reconocidas.
    Se necesitan grandes esfuerzos para atender la emergencia humanitaria y la devastación económica experimentada por el pueblo Palestino. Pobreza extrema, desempleo, niños sin escuelas, y un fuerte sentimiento de frustración y desesperación, son parte del día a día de los palestinos bajo ocupación. También hay que tener en cuenta la dificultad causada por restricciones severas del movimiento de personas y bienes materiales, toques de queda, barricadas, puntos de control y la construcción de una barrera de separación.
    Debe trabajarse sin descanso, hasta que el pueblo Palestino finalmente obtenga lo que es suyo por derecho: el ejercicio de sus derechos inalienables, un Estado Palestino soberano e independiente.
    La existencia de Israel, en su forma actual, se basa en una continua limpieza étnica de la población palestina. La idea se puso en práctica hace muchos años. Sus semillas se remontan a la falacia fundacional del movimiento sionista, que se propuso establecer un Estado nacional judío en un lugar habitado por otra nación. El establecimiento de un Estado nacional implicaba más o menos por definición la depuración étnica de los anteriores habitantes.
    Así pues, en lugar de “frustrar un peligro existencial” en 1967 el Estado de Israel llevó a cabo una operación militar efectiva para apoderarse de más territorio. No hay nada nuevo en esa propaganda sobre el supuesto “peligro existencial”. Antes que los israelíes muchos otros conquistadores y ocupantes a lo largo de la Historia Antigua y Moderna maquillaron la adquisición de territorio por medio de la conquista embelleciéndola con eufemismos agradables tales como “destino manifiesto”, “carga del hombre blanco”, “difundir la verdadera religión / la cultura / la democracia”, o lo que fuere.
    Tal vez interese saber que la conquista de territorios realizada en 1967 por el Estado de Israel había sido vaticinada veinte años antes por Ben-Gurion en la época del plan de partición (supuestamente aceptado por los dirigentes sionistas). Véanse las siguientes citas de Ben-Gurion, recopiladas en el libro de un historiador israelí:
    “Así como no veo en el Estado judío propuesto una solución definitiva a los problemas del pueblo judío, igualmente no veo la partición como la solución definitiva de la cuestión de Palestina. Los que rechazan la partición tienen razón al afirmar que este país no puede ser dividido porque constituye una unidad, no sólo desde un punto de vista histórico sino también desde el punto de vista físico y económico”.
    “Una vez establecido el Estado [judío] crearemos un gran ejército, aboliremos la partición y nos expandiremos a toda Palestina”.
    Lo anterior explica la masiva participación de los, por lo demás, normales y más o menos decentes israelíes en los programas de limpieza étnica actualmente en marcha. ¿Cómo si no se puede explicar que un anciano moribundo y su esposa sean sacados por la fuerza de su apartamento en Jerusalén oriental para hacer sitio a los colonos judíos? ¿Cómo comprender que el “Museo de la Tolerancia” se construya en Jerusalén sobre el solar de un antiguo cementerio musulmán? ¿O la ofensiva israelí en Cisjordania contra los orfanatos mantenidos por organismos de beneficencia islámicos? ¿O los programas que perpetran en Hebrón y en otras partes de los territorios ocupados gánster-colonos judíos financiados por el Estado de Israel? ¿O el sadismo generalizado con el que los soldados israelíes tratan a los detenidos palestinos? ¿O los asaltos a los hogares palestinos durante incursiones militares nocturnas en ciudades y aldeas palestinas? ¿O las demoliciones de hogares palestinos en Cisjordania y Jerusalén oriental con el obsceno pretexto de ser “construcciones ilegales”? ¿O el sistemático latrocinio de tierras palestinas para beneficio de los colonos judíos? Y así muchas cosas más.
    La Franja de Gaza es el lugar donde el sadismo israelí con ínfulas de superioridad moral ha alcanzado nuevas cotas. La Franja está densamente poblada, en su mayor parte por descendientes de los palestinos expulsados en 1948. Mucho antes de la segunda Intifada los israelíes confiscaron lo más selecto del territorio de Gaza a lo largo de la playa (cerca de ¼ de la superficie de la Franja) para asentar allí a unos pocos miles de colonos judíos. Así y todo, un millón y medio de palestinos de Gaza llevaban un tipo de vida normal (bajo ocupación israelí) cultivando frutas y verduras, fabricando materiales de construcción y otros productos para el mercado israelí y trabajando como jornaleros en el interior de la Línea Verde. Antes de la segunda Intifada a Israel llegaba muy poco terror procedente de Gaza.
    Sin embargo, desde el comienzo de la Intifada (año y medio antes de que los palestinos lanzaran el primer cohete contra territorio israelí) el ejército israelí inició la destrucción sistemática de la Franja. Los israelíes llevaron a cabo incursiones cada pocas semanas y destruyeron fábricas y talleres, carreteras, labranzas, casas, y todo lo que se les ocurriera. Los israelíes cerraron el acceso de los gazatíes a la economía israelí. Finalmente, los desesperados palestinos recurrieron a disparar cohetes Kassam que rara vez causaban víctimas o daños reales pero que servían como excelentes pretextos para la “acción” militar israelí”.
    Y entonces Sharon ejecutó su brillante movimiento de propaganda: la “desconexión” de Gaza. Toda la operación se vendió como una prueba de la buena voluntad israelí. Los asentamientos israelíes de Gaza fueron efectivamente eliminados, pero el ejército se desplegó alrededor de la Franja y la convirtió en una gigantesca prisión. El estrangulamiento económico de Gaza se intensificó hasta niveles draconianos, especialmente después de que el gobierno de Hamas abortara el putsch de Fatah que habían auspiciado al alimón Israel y USA. (No soy fan de Hamás, pero su gobierno fue elegido democráticamente por los palestinos). Hamas propuso en varias ocasiones iniciar negociaciones con Israel sobre la base de las fronteras de 1967, pero los israelíes limitaron al máximo la difusión de esas propuestas de Hamas e hicieron caso omiso de ellas. Con toda seguridad esas negociaciones habrían conseguido detener el lanzamiento de Kassams, pero los dirigentes israelíes parecían interesados en que la violencia continuara. Los Kassam crearon una gran oportunidad para degustar otra ración de la propaganda del “pobres de nosotros” y fueron una gran excusa para evitar satisfacer las legítimas exigencias internacionales reclamando el fin de la masiva colonización de Cisjordania.
    De los cuatro o más millones de palestinos apátridas que viven en los territorios ocupados hay cerca de un millón de palestinos que viven dentro de la Línea Verde y que tienen ciudadanía israelí. A pesar del considerable racismo interior, muchos de esos ciudadanos palestinos están profundamente implicados en la sociedad israelí. Hay médicos y enfermeras árabes en los hospitales israelíes, estudiantes árabes en las universidades israelíes, etc. Existe un notable grado de coexistencia y cooperación entre judíos y árabes allí. Pero un colega judío de la corriente mayoritaria que podría tratar a su compañero de trabajo árabe de forma perfectamente decente seguiría estando orgulloso de un hijo soldado que se encontrara “sirviendo al país” en los Territorios Ocupados. Él o ella seguirían repitiendo la propaganda racista sobre el “peligro demográfico” representado para el Estado de Israel por sus ciudadanos árabes, se creería los sanguinarios discursos televisivos de los generales y ex-generales, y votaría por cualquiera de los tres principales partidos sionistas, el Likud, Kadima y el Laborista, cuyos dirigentes llevan años entregados a tareas de limpieza étnica.

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